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Parroquia de Todos Los Santos

La Vuelta del Hijo perdido

Iluminados por el Evangelio, pensemos lo que hemos dejado…

Un hombre tenía dos hijos; el más joven de ellos le dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo más joven reuniéndolo todo, se fue a un país lejano.

El hijo menor quiere ser feliz a su modo, por su cuenta, sin contar con su padre, y por eso lo abandona y se marcha a un país lejano era la tienda. Para el judío, un país lejano era la tienda de gentiles y paganos. El egoísmo toma la delantera al amor: en eso consiste el pecado. Y el padre no quiso retenerlo a la fuerza.

Este hijo de la parábola llega descender muy bajo ; su pecado consistió al mismo tiempo en la marcha de la casa paterna y en su deseo de una vida de placeres, la doble causa que le lleva a una profunda miseria.

Malgastó allí su fortuna viviendo lujuriosamente. Después de gastar todo, hubo una gran hambre en que la región y él empezó a pasar necesidad.

Aquel que un día, al salir de casa, se las prometía muy felices fuera de los límites de la hacienda, pronto empezó a pasar necesidad. La satisfacción se acabo pronto. Vino enseguida la soledad y la indignidad: tuvo que dedicarse a guardar cerdos, la peor de las humillaciones para un judío. El extranjero al que se acoge resultó un duro señor que ni siquiera le permitía saciarse con las algarrobas que comían los cerdos. Buscaba conquistar la libertad más plena y en realidad quedó sometido a un duro tirano. La libertad está ligada al amor y no al pecado.

el hijo, lejos de la casa paterna, siente hambre. Y su miseria no parece tener fin. Entonces, volviendo en sí, recapacitando, se decidió a iniciar el camino de retorno. Pensó de nuevo las cosas. Así comienza también toda conversión, todo arrepentimiento: volviendo en si haciendo alto, considerando a donde le ha llevado su mala vida desde que salió de la casa paterna hasta la lamentable situación en que ahora se encuentra.

Siempre hay tiempo de retornar

Y levantándose se puso en camino hacia la casa de su padre.

Desandar lo andado… Volver… El hijo continúa añorando el bienestar que tienen los siervos en la casa de su padre, y poco a poco cobran fuerza en su alma otros sentimientos: el calor del hogar, el recuerdo insistente del rostro de su padre, el cariño filial. El dolor se vuelve más noble, y más sincera aquella frase preparada: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.

Es el padre, y no el hijo, es el personaje central de todo el relato. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; y corriendo a su encuentro, se le echo al cuello y lo cubrió de besos. ¡Le esperaba desde la misma tarde en que se marchó! ¡Todos los días salía para atisbar en la lejanía la figura de su hijo! Su felicidad no conoce límites; sus palabras desbordan un gozo incontenible: Pronto, saquen el mejor traje, pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo, y vamos a celebrarlo con un banquete; porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado

Y si pusieron a celebrarlo. El mejor traje lo constituye un huésped de honor; con el anillo le es devuelto el poder de sellar, la autoridad, todos los derechos; las sandalias le declaran hombre libre.

Todo manifiesta la alegría y la magnanimidad de Dios Padre cuando vuelven sus hijos al hogar paterno.

Cuando la parábola parece haber terminado surge un nuevo personaje: el hijo mayor. Esta continuación del relato cuadra bien la parábola y con el ambiente histórico de aquel momento. Este hermano se encontraba en el campo. Al volver y acercarse a casa oyó la música y los cantos; le explicaron que había llegado el pequeño y la fiesta que su padre –le dicen- ha matado el ternero cebado por haberle recobrado sano. El hermano se indignó y no quería entrar pero su padre salió a convencerlo. Él expuso sus viejos agravios ocultos: Mira cuántos años hace que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos. Pero en cuanto ha venido este hijo tuvo que devoró tu fortuna con meretrices, has hecho matar para él el ternero cebado

Reflexiona como es el corazón del Padre Dios…

El corazón del padre está muy por encima de los sentimientos del hijo. El padre tiene más motivos para estar enfadado con el pequeño… pero su corazón tiene otras razones: Hijo, tu siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo; pero había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido enamorado

Los pecadores que escuchaban al señor se fueron especialmente contentos y reconfortados a sus casas, con deseos de volver a la casa paterna. Entendieron bien lo que el Maestro quería decir en la parábola.